El aire mece las lavandas
como si fueran móviles de cunas.
Y en el silencio noctámbulo se escucha,
un tintinear de campanas diminutas.
En la catedral del silencio
se escucha el susurrar de mil bocas.
Mil bocas que cantan,
Con la tonada azul del viento.
Tintineos de aire,
resuenan en el campanario de la luna.
Y un coro de cigarras,
Llama a oración a las libélulas.
Debora Pol.
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