lunes, 7 de diciembre de 2015

LAS NOCHES DEL FARO DE TRAFALGAR


Si hablasen tus paredes,
esas de ladrillos de papel
observadoras mudas en lo oscuro,
de lo oscuro de nuestras vanidades.
Si hablasen tus paredes,
construidas sin lengua,
las que encierran tu centralita
y lo hiciesen sin tapujos ni concesiones,
sin filtros ni revoques de cemento y arena,
con la lengua elocuente de la franqueza
y con la lengua sincera que dibuja tus sentimientos.
Si hablasen todas esas paredes,
si hablasen todos tus grafitis ocultos,
los grafitis del lado de adentro,
los interiores, los del alma,
los de los pasillos, las escaleras
y las de tu altillo sin luz artificial.
Si hablasen todas juntas,
creo que tus murallas, que tus paredes,
ya no necesitarán ningún baluarte,
ninguna antigua artillería
apuntando a la bahía,
con las balas prestas a ser arrojadas
al que esté intentando avanzar en tu bahía,
protegida de flotas enemigas.
No soy tu enemigo,
mis aguas de otro mar
interceptan tus corrientes,
hay remolino y las olas se desorientan,
la alameda se habita de silencio
y el Levante dobla las palmeras.
Es crepúsculo,
el más bello poniente del sol,
el Faro de Trafalgar acaba de encenderse
y gira su luz a las aguas,
hacia las dunas
y hacia la noche de los navegantes.
Gira en lo alto la luz del faro de Trafalgar,
sus paredes desnudas lo sostienen
e ilumina el mar una y otra vez,
una batalla feroz en sus aguas
cada noche tiene lugar
y da vueltas
y no duerme.

Miguel A. Ortega

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