viernes, 25 de diciembre de 2015

EL GRITO DEL PUEBLO


Hay gritos.
Que caben todos ellos,
en un solo grito.
Gritos que por si mismos,
derribarían países
como el más grande de los seísmos.
Gritos que son como alfileres,
clavándose en los ojos
de los que permanecen dormidos.
Gritos que son, como sirenas de barcos.
Como silbidos de tren en el silencio de la noche.
Como un gran mugido,
de un toro moribundo de piedra.
Gritos potentes.
De esos que levantan mares y océanos.

Y luego está el grito del pueblo.
Que es un grito tan intenso.
Un grito tan ronco.
Y tan profundo.
Que no hay ciudad que lo resista.
Ni cimiento que los sostenga.
Ni montaña que no se abra en dos montañas,
ante la potencia de su eco.
Porque el pueblo ha gritado ¡Esperanza!
con la fuerza de cien tifones de piedra y hueso.
Se derrumbaron con su voz,
los muros donde estaba encadenado el miedo.
Pájaro libre extiende tus garras,
y cercena las manos de tu carcelero.

Debora Pol.

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