Se replegaba la alborada
sorprendida por su presteza,
a un silencio que desusado
cae entre las afiladas garras
de la mañana impenetrable,
la niebla baja intimidante
de las alturas del monte
vistiendo de oscuros ropajes
la inescrutable arboleda,
deslizándose delicada
y eficaz para envolvernos
bajo el influjo tenebroso
de su abrazo inapelable.
De los arroyos fluyen
alzándose un vaho gélido.
Helada tras helada
de las ramas suspenden
sólidos hilos de nácar
de telarañas congeladas.
Se ha perdido el confín
que delimitaba el bosque,
ahora todo su ámbito
es una oscuridad plena
y surge de su enramada
similar a una humareda
que lo vuelve misterioso.
El sol parece despedirse
temporalmente del otoño,
dejando a la fortuna
como guía de caminantes
al azar inconsciente,
de súbito desaparecieron
los senderos y veredas
que te orientaban útiles
al punto de arrancada.
PACO LAINEZ GARCÍA -Ponferrada-
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