viernes, 25 de diciembre de 2015

ANALOGÍA DE LOS POETAS Y LOS DÍAS


A Epifanio Andrés Tocarruncho

Somos los dueños de la noche y de la aurora que la nace a sus vestidos.
Somos los dueños de todo lo vivido y de las carnes que han transitado nuestros cuerpos.
Una vez nos salieron alas y fuimos también los dueños del viento
y domamos a los tigres de Etiopía y formamos toda la arena del desierto
y cada dedo nuestro era la voz de algún poeta, hasta que abrimos los ojos,
entonces fuimos de nuevo hombres.
Nosotros dimos forma al vino, le pusimos senos, labios, alma
y soplamos fuertemente con él hasta que se formaron las lluvias
que derrumbaron los montes de los Andes
y aplaudimos con tal fuerza que creamos los truenos
que mucha gente vio con asombro por las ventanas. Abrimos los ojos,
entonces fuimos de nuevo hombres:
Se nos cayó la mirada pero nunca dejamos de andar;
se nos llenaron de llagas las rodillas pero nunca dejamos de andar.
De repente, se nos apareció la muerte: nosotros murmuramos,
reímos y gritamos a toda voz. Y la muerte no tendrá dominio
mientras levantábamos el rostro al cielo. Nuestra voz fue su puñal.
Se escaparon las nubes por la herida que le hicimos al firmamento
y se llevaron consigo la sombra que nos acechaba.
Eso nos pasó muchas veces y muchas veces también quedamos heridos,
tirados en la calle sin entender la grandeza de nuestra propia lluvia
pero nos levantamos y nunca dejamos de andar.
Somos los dueños de la noche y estamos muertos.
Para ser los dueños de esta inmensidad hay que estarlo.
Se debe morir todos los días con cada verso, se debe ser ceniza (eco, sombra, viento)
para ser los amos de la Luna, para ser la noche misma.

OMAR IVÁN GARZÓN PINTO -Colombia-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 66



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