Esos contornos luminosamente tristes
esconden retoños de viejas risas.
Cuelgan manos grises de árboles secos
florecen en momentos bisiestos.
(se deslizan por los muelles
Dejando esquelas sin remitente)
Es más lenta la noche
cuando lloran las gaviotas.
En la ventana sur
antiguos caireles recrean
arco iris movedizos
con la brisa de la tarde.
Tus ojos no se encuentran con los míos.
Solo queda
irse con tres pobres trapos
dejando la llave en la puerta.
Cuando reaparezca el sol
en esta parte del mundo.
Seguro.
No nos echará de menos.
Francisco Alberto Chiroleu
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 63
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