lunes, 29 de junio de 2015

RECUERDOS DE UNA NOCHE EN LA CIUDAD VIEJA DE CÁCERES


Témpanos de la Lusitania
se iban enredando en mis manos
por la Ciudad Vieja:
desde la Plaza Mayor
las notas de un Chopin perdido entre palacios,
por entre arcos, piedras y catedrales,
se enredaban en mis ojos
con musgo de siglos.

Los Golfines de Abajo, los Ovando, los Carvajales
bailaban polonesas
desde la penumbra incierta de un atardecer
de ruidos y silencios,
mientras los Solís, en la Concatedral de Santa María,
rompían plegarias incorruptas
de roca y cielo.

Había una magia de piedras y músicas
enlazando el silencio torvo
de la madrugada:
pianistas mudos
coqueteando con el frío
en los portalones cerrados a la voz
de los mudos fantasmas del ayer
que se ocultaban entre los muros y las rocas.

Me dormí en el Foro de los Balbos
dejándome llevar por el misterio de las gárgolas
mientras Frédéric
entonaba un mea culpa displicente
con la Sonata para piano n.º 2 en si bemol menor Op. 35
que fue sonando desde el sueño hasta las lágrimas.

Luis Enrique Prieto
Publicado en la revista Arena y cal 179

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