Soy un justificante de entrada en el Registro General de una administración común y corriente.
Me expidieron como el resultado de un apunte cualquiera,
un apunte correspondiente al libro general del registro de entrada de esa entidad,
con mayúsculas.
Sobre mi pecho aparecen los datos generales de quién me presentó,
el número general, sobre mi hombro,
el ejercicio u año de entrada que no de expedición, un poco más abajo,
la fecha y la hora de entrada en una mano,
la fecha y la hora de presentación en la otra,
los datos de transporte
porque pude ser transportado a la altura de la yugular,
datos que recorren mis venas,
en mano
por fax
por correo ordinario
por correo certificado
por correo certificado con acuse de recibo
por email
tamtam
código morse,
procedente de una ventanilla única
por señales de humo
a viva voz
o en lenguaje de signos.
En mitad de mi consigna aparece el nombre del interesado o interesados titular o titulares
con nombres
apellidos
domicilio
código postal
municipio
provincia
país
y/o planeta.
Luego está el asunto,
lo llevo en el corazón,
es lo más importante de la cuestión,
soy tan interesante que el asunto tiene cuatro fases,
asunto
modalidad
extracto y/o explicación
y
destino.
Casi termino
como justificante de entrada a la altura de la femoral,
describiendo los documentos aportados
con sus observaciones y número de referencia
pueden adjuntarse mil folios,
un cheque
ropa de bebé
o un litro de cerveza.
Me disculpo y despido
siempre por escrito
diciendo
que soy gratuito,
por ahora.
Y que salgo de la impresora
de las entrañas del Registro General de esa administración cualquiera
según lo establecido en el artículo tal
del Reglamento de Organización
Funcionamiento
Y
Régimen Jurídico
de las Entidades Locales
aprobado por un Real Decreto
de allá por noviembre de 1986.
No está nada mal para ser un muerto viviente. He dicho.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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