TRAMPA
Jugaba Dios con sí mismo,
no tenía con quién jugar,
y se hizo trampa a sí mismo
y creó a la Humanidad.
Qué trampa, madre, qué trampa
tan difícil de pagar,
pues hasta Dios cayó en ella
y aún no la puede saldar.
Jugaba y jugaba Dios
y, jamás nunca jamás,
-así ha sido siempre Dios-
ha dejado de jugar.
No somos más que una trampa
inexplicable y fatal,
que ni el mismo Dios se explica
ni se la quiere explicar.
MISERIA
Cuanta y cuanta miseria
hay por todas partes.
Miseria de los ricos,
miseria de los pobres,
miseria de los cultos
y de los ignorantes.
Miseria y más miseria.
Cuanta y cuanta miseria
y cuantos miserables.
JUAN CERVERA -México-
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