Acaso no resulte tan malo
intentar de nuevo amarte,
y en vez de caricias, tu manos
me claven dagas mortales.
Si el dulzor de tus besos
aplaca amarguras del alma,
¡qué más da saborear el veneno
del adiós de tu mañana!
O revivir aquellos momentos
que el tiempo me regaló,
pasiones que han muerto
y que mi ruego no resucitó.
Tal vez te resulte extraño
el sueño de este soñador,
volver a querer ser esclavo
del amor que lo mató.
Pero no sirve la libertad
si vivir dolores en solitario,
significa que he de callar
que te necesito, que te amo.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
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