Sólo un sueño;
al fin, ha sido un sueño tu presencia.
Tu perfil y tu voz se desvanecen,
se desprenden de todos mis vestigios,
y queda mi cadáver
tan frío como ayer te lo encontrarás.
Pero todos los sueños dejan huella.
Y te juro que siento cada noche
tu piel junto a mi piel, tu aliento mío,
la daga de tu boca,
tu sima decorada de calambres,
tu caricia midiendo mi estatura,
los ardientes volcanes de tus pechos,
tu mentira.
Desde ahora serán mis pasos nuevos;
correré tras los ojos inquiriendo
el vuelo de los tuyos invisibles;
buscaré cada verso de tus manos
en toda mano ajena y transeúnte.
Perseguiré tu voz por los oscuros
silencios de mi mar.
Me beberé las sombras
de los árboles tristes que conocen
cómo mana la sangre
de esta herida tan tórpida y profunda
que el haberte querido me produjo.
Del sueño levantamos una vida
y, de pronto, nos cubre
esta extraña mortaja
que nos deja de nuevo condenados
en las más imposible primavera.
Del libro “PRIMAVERA IMPOSIBLE” de JUAN SEBASTIÁN LÓPEZ -Sevilla-
1º Premio, VIII Certamen de Poesía Searus, 1985
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