jueves, 7 de mayo de 2015

LA CASA


Estaban cerradas todas las ventanas.
En la del piso alto había una luz encendida.
En la del piso bajo los cristales
estaban pintados de color amarillo.
Uno de los vidrios del segundo piso
se veía rajado en una esquina.

En el tejado un pez nadaba con el viento,
produciendo metálicos sonidos,
rodeado de antenas, junto a una chimenea
que expiraba un humo negro
que se perdía entre unas nubes grises
que ocultaban el frío sol de invierno.

La puerta se abrió silenciosamente.
En el piso bajo todo era verde.
En la pared entre unas largas algas
se escondían unos peces arco iris
de alargadas aletas y ojos saltones
que miraban intensamente.

Unas escaleras de mármol blanco
llevaban al primer piso
donde todo era azul mar.
Onduladas olas se tragaban
a tres caballos negros
y a un enorme oso blanco.

Rojo, intensamente, rojo.
En el segundo piso sangraba
una rosa amarilla
en las manos de un hada
de rizados y largos cabellos
intensamente rubio con vetas doradas.

Tras cada puerta unos sentimientos,
unos sufrimientos, unas ideas,
unas historias, unas vidas,
que a veces, brevemente, se cruzan,
para seguir después por caminos
sin ningún punto de contacto.

JOSÉ LUIS RUBIO

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