EN SANGRE Y EN CORAZÓN
En sangre y en corazón,
nace un lenguaje
hermoso,
la consumación exacta
de la intimidad,
la percepción
de un mundo nuevo,
las coordenadas
de un cosmos
de estrellas
y los cimientos
de un atlas devorado
por el deseo.
En sangre y en corazón,
dejando huella sobre
el atlas
de un océano,
pegado a los sonidos
de los decibelios
cardiacos
de tu corazón,
amado o querido, ínterconectado
o acariciado, en el sueño,
dulzura o anhelo,
en sangre y en corazón,
madrugador
de los destellos
que celebro,
latido por latido,
segundo por segundo,
verso tras verso
surge el nacimiento
del sorprendente
comienzo del amor.
INVIERNO
Ven a decirme “ te amo “;
no me importa que duren tus palabras
lo que la humedad de una lágrima
sobre una seda ajada,
porque también tengo miedo a la limadura
del infierno novedoso y del silencio.
Después de todo, nunca había creído
en el amor que se avecina
como un torbellino que revolotea
sobre la liturgia de una nube.
Después de ti, después de nosotros,
después de que un nacimiento sollozante
agudizase con las cuerdas vocales,
el retorno del amor compartido,
para comprobar en unos pasos
la balada lenta de unos pies casi helados.
Después de haber conseguido que una letanía
trapera se armara de paciencia y de recuerdos.
Después de que la lumbre chirriara
en el caliente esqueleto del fuego,
después de ti,, después de mí,
después de que todo avanzara en una finísima estela
donde ni si quiera el amor ya sería
eso que jamás podría haber sido,
después de aprender que el dolor representa
solo la mitad de lo más doliente.
Después de olvidar casi todo el amor
que proporcionaban sus ojos heridos,
y desconocer la forma de morirnos,
después de perseguir al inquilino que ama
en la sombra,
después de la nube que lloraba,
de la cortina donde trabaja la mirada oculta,
después de dormir en un cielo de algodón
hasta la cita que presagiaba cada noche,
después de todo lo narcisista,
cuando el reflejo y lo convexo se codeaban ,
se fueron a encontrar:
el primero- implacable en las ascuas de la mirada
ella después - tierna en su resquemor maldito-
y a nadie se le pasó por la cabeza
que estábamos presenciando la despedida de unos labios,
el descosido de una huella poco añosa,
la espiral del aire que no respira,
el adiós del crepúsculo recién traído,
el misterioso eslogan de un viaje planetario,
el desvelo de un otoño, el principio
del que sería el único invierno para los dos.
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