jueves, 7 de mayo de 2015
EL RINCÓN / BAJO EL VELO DEL ALBA
EL RINCÓN
Cercado por selvas,
ese rincón nuestro.
Diván de amarillo claro
con plumón y terciopelo.
En madera templada
dormitaban las letras;
melodías de viejos libros
surgían de los estantes.
Flaqueaba el cuerpo,
en sillón de raído verde,
en un estar desvaído
durante mucho tiempo.
Y pareciera perdido
aquel espejo negro,
misteriosa puerta que se abría
aduciendo emociones.
Cortinas purpúreas
con remates dorados,
sellaban las ventanas
que tenía prisa en ocultarse.
Siento los pasos quedos
andar por esa estancia,
pareciera que un solo ser hubiera,
cuando mi estampa flotara en ella.
Rincón que parece lejano,
íntimo y cercano.
Ya mi alma rodó por sus paredes,
rebotó con sus recuerdos y figuras
para volver a la memoria fija.
Y escondida allí,
era éter transparente.
Subí el techo,
bajé al suelo
y me posé junto a sus dedos.
Arrullo de ondas infinitas
que se deslizan en la teclas.
Níveo nido de vida.
Soledad acompañada que escribía:
"Este rincón es nuestro."
BAJO EL VELO DEL ALBA
Bajo el velo del alba
es frío el aire,
frío.
Ronca música de montaña
busca la tibia alma.
Palpitan las palabras simples
bajo el velo del alba.
Acuarelas cruzan las aguas,
van tras los azules techos
dejando atrás las noctuas gasas
de damas de finos dedos.
Sutiles giros de meandros,
serpientes de brisas conmovidas.
Bajo el velo del alba,
escarcha en las ramas,
dislocados átomos de crisálidas.
Y sobre la corona de las cimas
duerme el volcán
del olvidado sueño.
La fumarola pone la cálida nota.
El fuego venciendo.
La memoria viva.
No busques rosados nácares,
perlas aún no nacidas,
bajo el velo del alba
es frío el aire
frío.
Ana Maria Lorenzo
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