jueves, 7 de mayo de 2015
CANCIÓN A UNA MUJER DORMIDA
Duerme pequeña, sigue dormida,
que no te apremie el despertar,
pues las luces del alba aún están ausentes
y no llegó la hora de clarear.
Que tu sueño sea bonito
y también te llene de gozo,
atrapando aquellos anhelos imposibles
que quedaron al fondo del pozo.
Sueña con lo que la vida te regaló
y degústalo una vez más con apetito,
como glotón que nunca se cansa de paladear
el manjar más exquisito.
Mas no despiertes si tienes la sensación
del roce de unos dedos por tu mejilla,
pues a veces es difícil resistir a la tentación
de bordear con la mano sus orillas.
El vigilante soy de tus suspiros
y el guardián de tu soñar;
pues pendiente vivo de que no se altere
el ritmo de tu respirar.
Imagina, ahora que estás en brazos de Morfeo,
que somos olas del mismo mar;
espuma que se cruzó en la misma corriente,
para en la arena, juntos, descansar.
Y en esa playa varamos nuestros cuerpos
dejando que cada nuevo día amanezca,
con paseos de manos enlazadas
en pies desnudos por la arena blanca.
Con el infinito a nuestras espaldas
y sin miedo a la eternidad;
pues hombro con hombro capaces somos
de combatir cualquier calamidad.
Y ya ves, pequeña mía;
mientras yo yazco junto a ti
y tu duermes en tu sueño profundo,
yo te pido que el mío sueñes por mi.
Vivir una vida plena,
yo a tu vera y tu conmigo,
en ese mundo, solo nuestro, que inventamos,
donde seguiremos siendo amantes, compañeros y amigos.
Mientras tanto, sigue soñando, pequeña,
que la luna aún no se escondió,
pues absorta está en tu contemplación
y pereza le da decir adiós…
Isidoro Giménez
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario