domingo, 7 de junio de 2015

LA DAMA AIRADA.


Me place sustraer de su mirada,
un deje de magnífica arrogancia,
la sólida ternura de elegancia
y baja catadura de su almohada.

Usted es harto golfa doña airada,
se esconde bajo pérfida fragancia,
oculta su extendida exuberancia,
con aires de muy tímida criada.

La dama de los pálidos resortes,
anclada en ensueños pertinentes,
soñando con que aún vive en la Corte.

Los años se le han hecho independientes,
llenó de muchos libros los estantes,
apenas leerá los más recientes.

Julio G. del Río -Valencia-

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