Tenga el mal
que acecha, que vigila
como fiera que va por su bocado
algo que alivie su sed, su apetito
y demore el plato principal.
Y en tanto el mal festeja con lujuria
configurando la pena en sus excesos
dejemos que celebre lo de Adán
y resguardemos a tantos buenos frutos
para que el mal, sin mal que lo alimente
un día – finalmente – muera de hambre
o acorralado en macabra paradoja
se devore a si mismo y se envenene.
De un modo u otro y sin saber la cifra
tengo por cierto que sus días son contados.
Del libro "Selección 2012" de Daniel Allaria Oriol -Argentina-
Publicado en la revista Arena y Cal 209
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