a la memoria de Janis “Pearl” Joplin
La noche cae sobre el mes de octubre
como cae la aguja sobre el disco de vinilo.
El ruido de fondo rasga la piel neblinosa
de los últimos latidos del silencio.
Ella, desnuda, con sólo un juego de collares
y la mano escondiendo los secretos del pubis,
se enfrenta a los fantasmas invisibles
que viven detrás de todos los espejos.
En una mesa un papel, una jeringuilla,
una botella de Southern Comfort,
un vaso que nunca está demasiado lleno,
la pena que teje con hilo grueso la memoria
y el frío de la soledad
de quien está fuera de lugar y de tiempo.
Con una pequeña navaja traza
un ligero corte en su muñeca izquierda.
Una gota de sangre, de vida, de blues,
de furia, de rebeldía,
recorre la palma de su mano, sigue su curso
por el dedo corazón, se detiene un instante
y cae sobre el papel. Ella
contempla como esa gota de sangre
se extiende sobre el papel como una mancha
que describe su vida y el momento.
Pero esa gota,
esa gota de sangre seca,
ya no es reflejo de la vida.
Su quietud, su gravedad,
simboliza la cruda sentencia de la muerte,
el fin del festival de los días felices.
Ella se recuesta sobre la cama, reclinando
hacia atrás la cabeza, contemplando
la frialdad blanca de los techos...
Cierra los ojos y sonríe. Será
la heroína de todos sus sueños. Heroína
cabalgando por los valles agitados de su corazón,
por las largas avenidas de su sangre lenta.
La noche cae eterna sobre el mes de octubre.
La aguja se encalla entre los surcos del disco,
en el laberinto de un estribillo repetido:
A woman left lonely,
A woman left lonely,
A woman left lonely...
hasta que la luz se difumina en la última carretera
que conduce a través de los mares de la muerte.
Del libro Almas de Vinilo de
José Luis García Herrera
Publicado en Agitadoras revista cultural
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