Danos el verso nuestro
de cada día para alimentar
los cuerpos hambrientos.
Perdona a los sedientos
porque de ellos no es la culpa
de que los ríos están secos.
No los dejes caer en la tentación
de recurrir a la violencia
para recobrar la ilusión.
Líbralos del mal que los rodea
para que no se dejen llevar
de las más bajas ideas.
Hágase tu voluntad en los campos
para que la cosecha sea abundante
en frutos y en granos.
JOSÉ LUIS RUBIO
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