Pensar cuántas lunas
han pasado y nada
cambia,
mis sentimientos siguen
intactos como el primer
día en que me declaraste tu amor.
Aún recuerdo ese momento cuando tus ojos brillaban con ilusión
de niño.
Y el viento travieso alzaba mi falda,
y, yo con vergüenza
cubriendo mis piernas.
Caminamos como si
siempre hubiéramos
estado enamorados,
el amor fluía por los poros.
Entonces me besaste
y sentí subir al cielo.
Tú, mi eterno amor
hemos ido con el tiempo
envejeciendo, aprendiendo a lidiar
con los problemas.
Amándonos contra viento y marea.
Juntos ante la adversidad, juntos
como lo prometiste
en el bien y el mal.
Por eso tú, mi eterno amor.
¡Eres mi felicidad!
Solo la muerte puede
separarnos de cuerpo,
pero no de corazón.
Y sé que allá en el infinito
nuestras almas se unirán
para ser luz en la inmensidad.
Gina Fatima Mora Coloma -Ecuador-
No hay comentarios:
Publicar un comentario