(Un hombre se quema a lo bonzo tras perder su empleo)
Cayó como una estrella fugaz,
ardiendo de rabia e impotencia.
Dejó un rastro en el cielo de incandescentes
lágrimas rojas, y la lluvia ardía
en las pupilas de cientos de miles de estrellas,
mientras sus cenizas descendían
como sutiles copos de nieve.
Quiso el sol frenar la noche:
dictó un decreto, reformas, recortes.
Pero la noche avanzaba…
Quiso el sol frenar la noche:
compró a los jueces, se vendió a los bancos.
Pero la noche avanzaba…
Quiso el sol frenar la noche:
mostró sus porras, vertió sus gases.
Pero la noche avanzaba…
La noche avanzaba y caía
—como una garra— sobre el cuello
de las doncellas adineradas…
La noche avanzaba, ¡LA NOCHE AVANZABA!
y el sol retrocedía sin carbón para sus lámparas.
José Icaria -Barcelona-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 64
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