Esa mujer no soltaba su pájaro
ni roía su hueso. No quebraba su ala.
Ni soltaba su pájaro.
Esa mujer creía tenazmente insistía
en la perduración de la materia,
fiel a sí misma idéntica. Inmutable.
¿Bajo qué cielo creciste, madre?
¿No sabías, acaso,
que las fulguraciones del verano son
tan cambiantes y breves
como el verano mismo?
LAURA PONCE (Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 101
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