Estos días azules y este sol de infancia
Antonio Machado
La página vacía acoge al veloz verso.
Tradición e interpretación errante tras de sí,
tras el surco de la palabra en el espejo:
única encarnación de la imagen individual,
cual ejercicio de recreación, íntimo y singular.
¿Qué poema no brota de la necesidad?:
el poeta sabe que corre en la noche oscura,
también sabe que el día claro existe
y confía en que cuando esté en la pista
sabrá reconocerla, ganarla, cual Frankel.
El lector tiene catorce infinitas caras.
Toda carrera es el texto más absoluto.
El escritor confía(do), reescribe la senda.
¿Brilla el sol: misterio (in)finito, tal vez?
Del libro Lectura del mundo de
Enrique Villagrasa González -Teruel-
Publicado en Un día es un día Ágora
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