A Abelardo Linares
I
Siempre va sangrando por esas calles
en primavera. Hecho un loco de Dios,
un cristo. Triana dice que parece
un turista sueco tostado al sol.
Cabellera negra, larga, prestada
de un gitano que toca el acordeón,
polaco o albanés masculla apenas
en su vía crucis; latines, no.
Harto de aguantar saetas, cansado
de oír el grito de ¡agua va!,
que algún vecino lanza de repente.
Tanta improvisación le abruma y moja
con pía saliva de cantaor, igual
que con esos bautismos arrabales.
II
Le salieron una crucifixión
y un vía crucis para ir tirando
aquel mes, y aceptó los dos trabajos
para ganarse unos euros. No era
del país y estaba en paro esa tem
porada, y la otra anterior, y la otra.
Leía hasta muy tarde en su cuarto,
a Kavafis y algo de Shakespeare;
caído, en la cama sin hacer,
pasaba el día, y también escribiendo
a ratos, con resultados triviales
y sentimiento más que vagoroso,
vacío, sobre el amor y el deseo
y el exilio y esas cosas de moda
siempre entre jóvenes, y últimamente, con
(desde que hizo de aquel
Hombre Cristo con corona de orines)
un éxtasis de transfiguración
que le vuelve furioso, inspirado.
Esperaba una corona de espinas
no de orines, impiadosos, aguaje
sucio de convento; no la bacinica
donde orinó un lascivo excombatiente,
alpalgata al aire, negra paloma
que voló inurbana, hasta mi cráneo.
Esperaba una corona de espinas,
la liturgia del sufrimiento cerca
de hacerme sentir Dios
un poco por vanidad y un poco
por ese apetito, cuando uno es joven,
de ser todo. Hasta víctima
y salvador del mundo.
No un baño de saliva
esperaba, un cante
que celebra el sufrimiento en sí,
por el sufrimiento, no otra cosa: no
melismas asalivadas, ¡cañones!
de artillería piadosa, y pobre
espectáculo cultural.
Esperaba el sudor en el rostro,
a raudales, y el dolor de los pies
y de la espalda, y hasta el mareo,
dulce, amigo, que produce el sol
en travesía por Sevilla.
Del libro Cancionero y rimas burlescas de FULGENCIO MARTÍNEZ
Publicado en Un día es un dìa Ágora
No hay comentarios:
Publicar un comentario