domingo, 22 de junio de 2014

UN ARMA LETAL


Estoy muy indignado, después de treinta años en el Departamento de la Defensa Nacional, encargado de la
innovación de armamento y habiendo sido el creador de tantas y tantas armas modernas usadas en las guerras; el Gobierno hoy me anuncia la llegada de alguien que viene a crear una verdadera arma letal contra la humanidad. ¿Quién puede saber más que yo? Soy especialista en armas bacteriológicas, químicas y nucleares, ¿qué arma puede ser más letal que éstas, que ya han probado su efectividad destructiva? No, no estoy indignado; estoy ofendido.
Además, debo recibir al “invitado” y encargarme de facilitarle todo lo que necesite. El teléfono suena y me saca de golpe de mis pensamientos:
—Doctor, un hombre de edad avanzada lo busca en la entrada, se niega a dar su nombre y dice que usted
lo espera.
—Déjenlo pasar, gracias—esperaba la llegada de alguien joven, con estudios en el extranjero; pero no de un anciano.
Cuando abro la puerta me quedo impactado, tengo frente a mí una mezcla entre un Merlín antiguo con
Dumbledor moderno; el hombre no tiene aspecto de científico, sino de mago. Entra y sin mediar palabra
alguna se pone a trabajar, yo sentado a su lado observo cada vez con más horror lo que está haciendo; a la media noche termina su trabajo y yo estoy a punto de la locura. Repaso mentalmente lo que hizo: creo artificialmente siete seres que se asemejan a los humanos, utilizó una verdadera piedra filosofal y fue nombrando a cada uno de ellos: Lujuria, Gula, Avaricia, Pereza, Ira, Envidia y Soberbia. ¡Creo siete
Homúnculos basándose en los pecados capitales! Nunca creí en la magia, mucho menos en la alquimia; soy
científico y mi pensamiento es siempre racional; lo que acabo de presenciar no tiene lógica alguna y tengo un problema aún más grande: ahora qué hago con estos monstruos. Cuando el hombre se marcha, comienzo a llorar y solo acierto a decir:
—Este sí es el fin de la humanidad; el Gobierno ha llegado demasiado lejos, la ciencia puede ser muy destructiva, pero usar la alquimia…es ya otra cosa.

Mª del Socorro Candelaria Zarate -México-
Publicado en la revista digiral Minatura 125

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