Esto de ir así por la ante sala,
con alguna que otra carta marcada
cada tanto, sin abusar tampoco,
la conciencia por el piso,
los años pisándote los talones,
cada vez más para atrás,
qué bajón, compadre,
acusado de qué, decime vos,
no sabés, no podés saber,
un día te levantás
con la vejiga al palo,
y no acertás una, hermanito,
ves que el espejo esquiva el bulto,
la puerta de salida se te agranda,
te das por acostado,
listo para irte sin siquiera el picaporte,
sin despedirte de las palabras,
que al fin y al cabo te acompañaron,
mal que mal te acompañaron,
no sos capaz de dar la vuelta,
y saludarlas con la mano en alto,
como para decirles chau, che,
gracias por lo que pudieron,
se acabó lo que se daba,
si es que alguna vez se dio algo,
pongámosle que sí, total,
no le des más vueltas al asunto,
entonces cruzás el umbral y ponés un pié,
después el otro,
y después nada más, viejo,
estás adentro del afuera,
un garrón,
o digamos que todavía,
acaso ves la luz prendida
de aquella lamparita,
y casi escuchás una voz,
¿no te diste cuenta?,
te fuiste, gil,
y ya no hay tu tía.
Mario Capasso -Argentina-
Publicado en Suplemento de Archivos del Sur
No hay comentarios:
Publicar un comentario