domingo, 8 de junio de 2014

PARA QUE NO CAMBIE NADA


Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo que quieren mientras que los débiles sufren como deben.
Noam Chomsky

Hace ya un considerable número de años leí por primera vez esa embriagadora y grandiosa novela El gato pardo. Y con el tiempo he ido renovando la obra a medida que nuevas ediciones han venido saliendo a la luz. Es una obra siempre en mi memoria como estandarte paralelo a la Comedia Humana de Balsac. Las páginas donde se narra la respuesta del Príncipe a la insistencia de representante del Gobierno de revolucionario, Chevalley, cuando en su visita el noble siciliano, este, con exquisita cortesía le responde: “Somos viejos, Chevalley, viejísimos. Hace por lo menos veinticinco siglos que llevamos sobre nuestros hombros el peso de unas civilizaciones tan magníficas como heterogéneas: todas ellas nos llegaron de fuera, ya completas y perfeccionadas, ninguna entre nosotros, a ninguna le marcamos el tono, somos blancos como usted, Chevalley, como la reina de Inglaterra, y sin embargo hace dos mil quinientos años que somos colonias. No lo digo por quejarme: en gran parte es culpa nuestra, pero no por ello nos sentimos menos despojados y exhaustos.”
agui1 La verdad es que el discurso de despedida de su Majestad ante los empresarios, los aplausos y victorees de estos a modo de adiós fervoroso con los que fue obsequiado, nada sorprende emocionara a su Majestad. Pero conviene advertir que ese fervoroso palmoteo tiene cierto tufo a ruego de que se “cambien algunas cosas para que todo puede seguir” Unos ligeros retoques, migajas, para que el pobre no se amotine y desesperado tire por la calle de en medio. Uno de estos retoques puede ser que la malversación se frene un poco, se calme, para guardar las apariencias. El poder del dinero dispone de recursos, de modelos para abrir los cajones de la abundancia de forma menos descarada de “coge dinero y corre” que es el que se lleva ahora, suavizar lo del aborto puede ser otro gesto. Y que los obispos hablen en los púlpitos de los pobres caritativamente y la falsa moneda. En fin, distintos modelos trileros, decorado de escenario con parecidos personajes. Pero como señala Anguita con honestidad, tan distante de de aquellos tiempos en la Junta de Andalucía como líder del Partido Comunista de España, con sus dos orillas y la famosa Pinza cogido del brazo del nostálgico Partido Popular. Acompañado de su escudero y brazo izquierdo en el parlamento andaluz el señor Rejón comunista puro caballero rejoneador contra el PSOE, ahora asesor del Partido Popular en Andalucía. Dos curiosos cambios. Rejón la querencia por herencia y Anguita la honestidad y serenidad meditativa, muy terrenal y con buenos decires cuando señala que “La abdicación es una maniobra para que la oligarquía siga en el poder” , por lo tanto, comenta más adelante: “tengamos el niño y después le ponemos el nombre”
Mientras tanto, dado los años que sumo, aunque sin las canas del comunista Cayo Lara, opto por una nueva lectura de El gatopardo de Lampedusa. Un placer en reposo que me permite, junto al gozo que emana su contenido, nuevas reflexiones, reflejos y detalles, sobre lo que puede cambiar todo para continuar como antes, eso sí, con unos retoques sentimentales. Un tierno serial de reina plebeya y una encantadora niña princesa al fondo del escenario. Algo que recuerda estos versos de Rubén Darío
“Margarita, te voy a contar
un cuento:
Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú”
No me diga usted, posible lector, que para un país de conversos como resulta ser esta España irredenta el serial histórico no es enternecedor. Todo en gran parte depende de como continúen transmitiendo los siguientes capítulos y episodios, la lluvia de migajas que se deben rociar para que los niños de una tercera parte de España no pasen hambre. Terminemos, pues, con la pregunta que el magistral dibujante El Roto le hace a un parado: “¿Qué prefieres, Monarquía parlamentaria o República?” A lo que responde el parado “Un trabajo”
En la nebulosa del decorado que nos envuelve, al fondo, el más real protagonista es el parado. Los millones de parados, que en el Sur semeja como otra Sicilia: «El sueño, querido Chevalley, el sueño es lo que los sicilianos quieren, ellos odiarán siempre a quien los quiera despertar, aunque sea para ofrecerles los más hermosos regalos

Francisco Vélez Nieto
Publicado en Luz de Levante

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