Marchan solos como tristes calaveras
compartiendo sus dolores por el mundo,
con sus tristes vestimentas de solteros
y su estirpe de soberbios vagabundos.
Van camino de una estrella solitarios,
a un paso, casi al punto de difuntos;
en sus bolsos se cobija la miseria,
las desgracias de Fachistas iracundos.
Aquí todos, un poco estamos muertos,
Ingenieros con poetas y abogados
compartiendo la desdicha de sentirnos
como perros o demonios, censurados.
No es el llanto del linyera solamente;
es conciencia de los pueblos ultrajados,
desde ahora, desde antes, desde siempre,
es historia y legado del pasado.
JOSÉ DE ZAN
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