Cuando miro los cielos, veo escrito
el nombre de ese Dios que he imaginado;
del Dios que llevo dentro, de ese Hado
que alzó sobre mi ombligo un monolito,
haciendo que este cuerpo donde habito
sea un templo de luz, y en lo creado,
sólo vea su obra y sea amado:
¡porque el poder de Dios es infinito!
¡Porque mi Dios es grande y poderoso!
Mas, sucede que a veces, escribí
con una “máquina” -al azar- palabras
coherentes, ¡y fue tan asombroso!,
que hasta dudé de Dios. Pues, siendo así
el azar: ¿para qué su “abracadabra”?
Antonio Ramos Olmo -ESPAÑA-
No hay comentarios:
Publicar un comentario