Combatiendo ha nacido,
abre la puerta que invadió
con susto de epopeya triste,
se echó a reír.
A veces, llora entre arena y estrellas
sin ébano para los barcos
que cierran su voz y su boca
y solo la dejan respirar inmóvil
mojada entre manantiales
asomada al vacío del mar.
Una azucena sangrienta
entre noches de magnolias
amputa la música de sus rimas
y ahoga en brazos de otro
el alfanje de sus versos.
Solamente a caballo
como la solía animar el viento
deshace en sus entrañas
aparejos de apariencia fiera
derrotados por el cisne del sueño.
Siempre una canción
con los ojos agangrenados de la noche
le perturba su estirpe de nieve
con bocanadas de luceros que no la tocan
que florecen y recuerdan demasiado lejos
los caminos, martirio de esclavos
que llenan el silencio.
Vaivén de su espíritu
en un trasluz de calma
noches remotas de viento y brillo
sacudidas por el agua
entre auroras matutinas y albas
Balbucea un deseo
irresistible al soplo de su aureola
una duda repleta de embeleso
la deriva de un sueño sibarita
en una intemperie que enluta.
¡Tierra! ¿Y mi barco?
Del libro Mi maleta establo de la Alhambra de
García de Garss
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