Dejaste un libro abierto, en tu cadera,
y un cíclope devora mis entrañas;
letra con clítoris, ¡telar de arañas,
de este reloj de sierpes de madera!
¡Ronronea el amor tras la vidriera!
Anidó la cigüeña, en tus pestañas;
y, entre besos, abrazos -y otras mañas-,
¡mi cama se volvió tu ratonera!
¿Cómo pensaste, oh Dios, en tu martirio
-con un rezo, un suspiro y un madero-
devolverle la vida al mundo entero?
¿Cómo soñaste, oh Amor, en tu delirio
-con la lengua, tu boca -y mucho esmero-
resucitar la llama de este cirio?
Antonio Ramos -ESPAÑA-
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