jueves, 4 de abril de 2019
INACABABLE ALABANZA
Comienza siempre de nuevo la nunca del todo alcanzada alabanza
Rainer Maria Rilke
Todo lo mío, contigo va: no cansa
la vida, ni el pudor de la arcilla, ni el voraz
estremecimiento de la primavera,
dónde el entusiasmo, dónde los ojos,
en qué noche la noche, en qué paloma
el cielo. Qué no es hueso, reseca tierra
que busca piedad con la mirada, luz
de un ruiseñor perdido, estremecida
mano atravesada que todo lo milagrea
y trae su noticia sobre el rumor del agua,
dichosamente viva. Qué no es beso,
luz tallada donde celebra el amor
sus secretos y guarda un jazmín
alegre su alegría. Vive el amor su sed
de tierra, en sus manos la bebe,
a su boca la acerca. Qué no es
desafiante barro, pudor, respuesta,
cielo con vistas al cielo.
Qué no es milagro. Si la plenitud
de la uva, si el arroyo, si la piedra
es luz, pan, leche, azúcar para tener
sed, alba para oler con las manos: tierra.
Tierra del Guadiana, del Guadalquivir,
del Ebro. Luz que da de beber. Candil,
tinaja, tiesto. Qué belvedere para atizar
el camino, qué huerta para recoger
fuego, qué madrugada por la ramas
dormida, en tanto el delirio abre su mano,
tiene el alma cuerpo, lumbre, silbo, lilas
para los ojos presos. Dónde el avecilla.
Dónde el sueño. Si la fuente, si el agua.
Dónde el tiempo.
Del libro Inacabable alabanza de MANUEL SALINAS -Granada-
Publicado en Luz Cultural
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