viernes, 2 de junio de 2017

CÁDIZ


Amarrada a la costa como una clara nave,
Cádiz, la pobre y triste rosa de las cenizas...
Pablo Neruda

La cándida magnolia sobre la mar desierta,
un jirón de gaviota en vuelo solitario,
las blancas galerías del viejo balneario.
Un arenal de fuego canta mi infancia muerta.
Despliega la alameda su parva luz incierta,
el límpido tañido devoto de un canario,
los sillares de concha, el nácar de un rosario,
la voz de la memoria como una espina abierta.
En estos días garzos de pálidos regresos
conservo en mis pupilas la magia de tu enclave
y el malecón de espuma me recuerda tus besos.
Oh, plata del océano: que el céfiro suave
ancore en la maleza cansada de mis huesos
la frágil hermosura de tu infinita nave.

Elena Marqués (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 33

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