Platero me observa con tristeza
trazar lo que me queda de verso.
Si tan solo pudiera rebuznar por mí…
Un lapicero inocente escribió las primeras visiones, mecanismo del reloj de la sangre que zumba como triste letanía.
Detonar el explosivo.
Una daga escondida
en el forro de un velo de
novia, blanco.
Un instinto abortado
antes del alba,
sin permiso.
Fuegos de artificio iluminan
la noche.
Todos gritan.
Un mañana sin tiempo,
un hueco, el vacío.
No hay dioses.
LUISA GIL -Madrid-
Publicado en Luz cultural
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