jueves, 16 de febrero de 2017

TEMPUS REGIT ACTUM


Ese era su reloj de arena, había aprendido a reconocerlo entre miles, sin importar en qué estante o rincón se hallara. Lo volteó y se dio por satisfecho. Desde que había descubierto la entrada al almacén de La Muerte podía darse el lujo de vivir el tiempo de varias vidas. Solo tenía que encontrar una nueva identidad para despistar a la descarnada; una simple precaución, pues ella solo prestaba atención a aquellos cuyo contenido se estuviera agotando.

Del libro “El rostro del ángel” de Marié Rojas Tamayo (Cuba)
Publicado en la revista Arena y cal 245


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