Sobrevuela la muerte los espacios cercanos tocando con su ala rota los perfiles de cera.
Los durmientes alertan los oídos al batir quejumbroso que les cerca.
Huellas de sombra cercenan los gemidos que en la muerte esperan.
Nadie atienda la llamada. Que nadie entienda que el mañana se agosta entre los campos
Que puedan continuar con su danza de siglos, los vivos, a quien la muerte acecha.
Maica Bermejo Miranda
Publicado en Acantilados de papel
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