Se cae el corazón en mil pedazos
con ángeles de cera como guías
eso sucede porque van los días
veloces como luz que da en los brazos.
Los ojos saben admirar ocasos,
sólos o con augustas compañías,
escuchan las alegres melodías
y entonces no son ojos sino ojazos.
Late cuando la noche se apodera
-la gran sacerdotisa de la diosa-
de la ciudad entera y su bandera.
Y viene con la túnica gloriosa
mírala preparando la carrera
con toda la potencia misteriosa.
El corazón vencido te arrebata
a ti que no eres mas que una corbata
Ángel Manuel Castrellón Parra
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