Primero gastó cincuenta y tres millones
de pesetas
en caballos,
a continuación
perdió su empleo y se quedó con una casa grande,
las manos en los bolsillos
y cincuenta y tres millones de pesetas en caballos,
a los que su pensión malalimenta.
Ahora los de mcdonalds
le quieren dar doscientos euros,
unas treinta mil pesetas
de las de antes, dice,
para convertir cada caballo
en un puñado de hamburguesas.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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