Todas las aves desaparecen.
Las ramas de los árboles
se agitan, se trenzan, se parten.
Me dan pena las calles
y el agua que las baña.
Agitada tormenta que te esconde
en un costado de la puerta.
Ya no hay sombras,
sólo anhelos,
barrizales por el suelo.
Inmortalizo el instante
en el que el rayo rompió el tejado;
en el que se desbordó el río
y te vi alejarte despacio
cual blanca flor arrastrada
por la infausta corriente.
Ahora andante,
a tu ausencia voy
amarrado al hilo de tu sombra.
Pasaje de largo sufrir
donde se me parte el alma.
Si no logro llegar a ti,
me encontrarás entre escombros.
Ana María Lorenzo
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