SOÑEMOS JUNTOS
Para ti,
que si no sueñas te desvelas.
Hoy vamos a soñar,
vamos a imaginar
que dormimos juntos,
que miramos
el milagro errante
de las estrellas
y que nos anudamos
a la muñeca un reloj,
una celda con ventana,
un acuario desnudo
con manecillas de viento invisible,
para deliberar
con el delirio mágico
de los pájaros
que sin libertad propia
desesperan.
Vamos a soñar
que volamos alto,
que nos abrigan las nubes
del cielo
y que la lluvia es un resto indiscreto
de las lagrimas que nunca
se secan.
Vamos a soñar,
que el aire alcanza
una loma,
y que la alegría del arrabal
es el vientre del deseo.
Tenemos tiempo,
y la luz de la celda
nos alumbra tanto,
que espanta al miedo.
Vamos a soñar juntos,
pisemos la confusión
que no halla rumbo
y el timón que desorienta,
no es justo que vivamos
sólo un estío, un otoño,
o una primavera,
cuando el invierno
derribó, si las hubiere,
todas las fronteras,
soñemos que nos moja
el agua del mar,
que nos llena de aroma
los árboles verdes
de la ribera,
que todavía hay motivos
para volver a la infancia
de nuestro encuentro
o que la liturgia
de un beso
es la columna
donde se reflejan
la belleza de las estelas.
Sin embargo, entre tú y yo,
no habrá cuentas,
el perdón es una llama
que toda herida cierra,
por eso,
soñemos juntos hoy,
que mañana,
después de sumirnos
al sueño,
no sabemos que será
lo que nos espera,
y ese es un sueño eterno,
que nace de la impotencia
desesperada de quererte amar.
EL POETA LLEGA AL MUSEO DEL PRADO
Madrid 23 de Mayo 2015
El poeta llega al museo, las puertas
son un prado abierto,
un cáliz de donde beben agua los peces
de las fuentes.
El poeta mira a su alrededor,
ve a amada entre el gentío y se acerca,
la besa y la mira,
la confiesa que desde que la conoce
cree en la muerte
de las flores
y en las promesas desarropadas.
Su amada entonces
le acompaña.
Hace frío leve
y la gente se arremolina
en su conocimiento
desconocido
para comentar
lo que pronto verán
con sus propios ojos.
El poeta habla sin parar,
reconoce
que es lo único que tiene en si,
mesura y desmesura de vida,
independientemente del amor que siente,
es el amor que le recorre
por dentro y fuera.
El poeta ha tomado café,
antes de partir
de viaje,
y con harina de trigo
ha compartido alimento y recuerdo.
El poeta pasa al museo
y se topa con Caravaggio,
Rubems le amaga
con reconfortarle en deseo
y Picasso,
que juega al desconcierto
con Velázquez,
le pide que se una
a su juego de cartas.
El poeta disfruta
de la compañía
de su amada,
hoy lleva el pelo liso
y más de la cuenta
brilla en sus adentros
una luna que luz
de luna emana.
Al poeta le apasiona
su tacto
y en el museo
todo se palpa.
El poeta se impacienta,
teme que el color
de las telas
sea una trampa
que le atrape
y algo le atrapa.
Cuando el poeta despierta
del sueño despierto
que sueña,
algo a su mano se agarra.
Es la mano de su amor,
que tiene
en sus pupilas
el rojo de un color
que más que pasión
en sus ojos,
es amor con voz
de enamorada.
El poeta, privilegiado
en su recorrido,
descubre,
una vez más,
que lo que un día
empezó a querer
ahora es lo que ama.
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