Tú tenías duda,
pero hay
espesa como niebla
una música desteñida en mi corazón,
en un mismo día
un sinsabor,
tromba de los últimos rayos
con que me has amado mucho
con saetas anidadas sobre el agua
se quejan en la famosa playa del albedrío.
Tu pregunta repite entre alaridos:
¿el alma de esa nube blanca
cuando muere
renace encerrada
en mi conciliador insomnio?
La profana intemperie,
mar que rige el viento
dora la singladura perdida entre espuma
néctar que aflora
pleno en el lastre de nosotros mismos,
tu cuerpo me invade
está vivo
florece sin testigos
inmenso en la boca de mis pulmones.
¿Y tú dudas?
Contra tu pelvis se restriega mi mirada
casi respira en la sombra,
el misterio de un poeta es que no es nadie
tan fiero en los senderos
sin embargo
olvida el tuyo y el mío
incauto
las heridas de tus deseos.
Solo es un placer íntimo en tu memoria
en el ocaso de una tormenta
que aún no ha nacido.
Manuel Vílchez García de Garss
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