Hojeando el último número de la prestigiosa revista The Lancet, encontré un artículo sobre neurología y comportamiento, en el que se ponía al descubierto una zona del cerebro que funciona del mismo modo tanto en el hombre como en la mujer, y que traduce una misma respuesta comportamental. Con escepticismo comencé a leer: “En el universo cerebral de nuestras conexiones sinápticas, fácilmente influenciables por el medio externo, puesto de manifiesto por la epigenética, el cerebro resulta fácilmente maleable (“engañable”), como demuestra de forma evidente el mundo de la magia. Se han realizado experimentos en este sentido, como por ejemplo la repetición en voz alta, frente al espejo, de un piropo (auto-piropearse) hasta alcanzar tal punto de autoestima, que hubo de frenarse a la persona-cobaya, dicho en términos coloquiales: “de la chulería con que salió a continuación a la calle”. Pero este efecto-respuesta, debido a las células espejo, no era igual en el hombre que en la mujer. La mujer no salía agresiva, salía linda, gustándose.
Ahora bien, la nueva zona cerebral fue descubierta al detectar ciertas células con un efecto completamente opuesto a las células espejos. Estas se encuentran justo detrás, y su función es por tanto, desviar la realidad en sentido opuesto; son por ello llamadas las Células “Retrum Espéculum” ó C.R.E., orientadas por tanto en sentido inverso. Estas células se han encontrado en una callosidad de la cíngula del hipocampo y muestran una función irreal del comportamiento tanto en mujeres como hombres. Para evidenciarlo se puso en práctica, en una pareja consolidada, el experimento de:
Agénesis Inductiva (A.I.), también llamado coloquialmente: “escapada fin de semana”. Observamos, sin miedo a equivocarnos, que este alejamiento en el espacio y en el tiempo llevaban a las células Retrum Espéculum a impregnarse progresivamente de una contra-realidad (debido al movimiento neuroendocrino interno de sus sinapsis), que llevaban al cerebro a no entender, después de coger el coche durante horas, repostar gasolina, orinar, almorzar, y un largo etcétera, que cuando te desnudas en la habitación del hotel, la persona que aparece delante pueda ser la misma que dejaste en la partida (pues también en eso se engaña). La captación de la imagen inmediatamente se desvirtúa.
Enseguida la coquetería, enseguida el galanteo; enseguida la insinuación y la conquista.
Pues este efecto se produce en ambos a un mismo tiempo. Algo insospechado, hasta ahora por la ciencia, en la conducta del ser humano.
Al regresar, estas células R.E., impregnadas de neurotransmisores, se agotan de golpe en cuanto pone la persona-cobaya el pie en su casa. Y se reinicia con un nuevo ciclo de salidas y estimulación de células R.E., básicas pues, en la supervivencia, a la postre, de la civilización humana.”
Habrá que creérselo.
Desplacio -San Juan de Aznalfarache ( Sevilla)-
Publicado en la revista Aldaba 24
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