Los pies desaparecen en el agua,
la sal cura las heridas
y el corazón late y late y late
y la paz se reconcilia,
con el tímido horizonte.
En lo alto, el sol, adolescente,
recorre su trozo de camino,
el siguiente paso al despertar,
la manzana que acaba de morder,
la esperanza en que las nubes
respeten su desnudez.
… Y en el alma, los pasados,
las verdades escondidas,
las mentiras descubiertas
y un picor en la espalda
que no puede ser rascado.
En la arena morirá el rencor,
la vida plana, las oleadas tristes
de súbitas desesperanzas
y el olvidó barrerá
la tierra sobrante,
los delirios,
las maldiciones,
las descoloridas sombras,
los gélidos rigores,
del pérfido invierno.
¡Muere, camino de regreso...
Muere...!
Julio G. del Río (Valencia, España)
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