miércoles, 18 de junio de 2014

PASEO MARÍTIMO

Y el tiempo es voz lejana
Felipe Benítez Reyes

He venido hasta aquí como un autómata
guiado por un enjambre de imágenes,
por un recuerdo doloroso y vivo.
El placer de hurgar en la herida
abierta todavía
asaeteada de aguijones.
Para sangrar en lo que el tiempo me ha dejado
de ti en la memoria desdibujada de los años
más de veinte.
Como si quisiera encontrarte en los lugares
que nos vieron felices algún día.

Es de noche tan pronto, sin darme cuenta,
no ha cambiado tanto
como esperaba.
Hay botellas rotas y vasos de plástico en el paseo,
colillas y papeles, y cáscaras de pipas,
un condón en un banco de forja
flameando como un triunfo
chirría con voz aguda el columpio de los besos
al llegar la feria y lo pintaban
con colores chillones, pero han arreglado el eje
que oscilaba y tanto nos divertía.
Girando borrachos jóvenes hasta vomitar
y las estrellas dibujaban cuadros de Van Gogh.

Ahora el mar está gris como el cielo en calma,
pero siento el resuello fétido de sus monstruos
que a lo lejos aguardan crueles su venganza
dilatada
bajo el pantalán del Náutico,
hipnotizados
ebrios
por el morse rojiverde de las luces de las boyas.
Dispuestos a arrasar el mundo
si nos dejan.
Cientos de gaviotas nievan ya la playa
en un sueño pesado ronco colectivo líquido
y apenas se les oye.

El viento mueve a veces el portón de un chalé
abandonado en el agua negra de su piscina,
croan las ranas o son sapos su letanía de reflejos y orines.
Rejas herrumbrosas sitian las ventanas
clavadas de paneles bastos de madera y nombres
Mercury Mariner Yamaha.
Sólo La sirena está abierta
como siempre y proyecta
una sombra espectral y eléctrica en el paseo
escaparate de silencio.

Una pareja come deprisa tras una lona de plástico
Ni hablan ni se miran quizás sean los dueños,
ella parece mayor que él y enciende un pitillo con la colilla de otro.
Él no deja de meterse la mano en la pernera y rascarse los huevos.
El letrero luminoso parpadea y zumba como una chicharra,
sobre los pinos el faro rebana la noche en lonchas densas
que caen sobre palmeras despeinadas casas vacías,
sobre azoteas apagadas que son lápidas de veranos muertos.

Está refrescando y llueven
algunos goterones sobre la pinaza que cubre el suelo.
Crepita al paso de mis pies la arena
como en las películas de gángsters,
blanca como la luna que empuja el cielo contra los tejados.
Siento escalofríos,
tengo fiebre y me laten las sienes.
O sólo es nostalgia.

Marcos Matacana
Publicado en Rick´s café

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