domingo, 8 de junio de 2014

UNA FLOR ME ESTÁ JODIENDO EL CANTO


Una flor única y venenosa me nace y me
crece caprichosa e ilegal
de la arista de un sístole musical repetido
en canto dulce agónico y en toques a puertas
de ciudadanos invisibles
Los demonios de mis válvulas purpúreas
mandan a callar la austeridad
de los dedos gélidos y tartamudos
y el desierto atrapado en el halo
de una pupila se reconoce astro
Todos trabajan aquí dentro
para colmar la voluptuosidad de la sangre
en un viaje de sístole a diástole
disparo contra disparo
las balas son dos vidas
condenadas a la soledad
Yo estallo en pétalos de claves de sol
cada vez
que alguien me alcanza
inevitablemente
inhabitablemente
como una caída a la dolorosa nada
que es el abismo del adiós
el vértice de un silencio
sacro
Mientras llega la hora
del crimen final
continuaré
incendiando entre estambres de frío y calor toda la paz
que he podido tener algún día
Como un fuego artificial,
sube ardiendo
una flor
dispuesta a colorearme
con vesanias implorantes
la noche de los campos negros de mis ojos.

Rosemarie Navarro -Perú-
Publicado en la revista Delirium tremens 9

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