No esperes que se postre a los pies de tu sexo
y lo reverencie.
No inclinó su cabeza ni para ser coronada.
Asco de cada amante
hoy tengo asco entre mis piernas
y náuseas en mis ojos.
Tres días de lluvia y el sol se recupera para humillarme.
Esta maldita bendición de ser habitada por tantas palabras.
Esta bendita maldición... las desgraciadas se desbordan de mis contornos.
Mal rumbeadas se tiran en los brazos de cualquiera que no las sepa agarrar
y se destrozan contra los papeles del suelo, siempre húmedos e inasibles.
Las agraciadas, locas, pocas, espantadas de escasez
ante mis despilfarros
escapan hueso adentro y ya no vuelven.
MARCELA COLLINS -Argentina-
Publicado en la 2ª antología de poetas argentinos
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