Tantos colores,
parece una fiesta.
Vaya manera de anunciar la muerte,
pero da igual
porque el follaje es bestial.
Quiero escribir algo
pero lo he dicho todo ya.
Se me ocurre una idea.
Pongo una letra en cada hoja que cae
y al rato tengo delante
una hojarasca alfabetizada.
Es un día de viento
y uno de esos remolinos otoñales
se acerca y remueve las letras.
Momento de calma.
Me agacho para ver
lo que ha escrito Madre Naturaleza.
“Fklsoio aedk lekjaslkjlaknqaipei
dadllauwmxm qwoiqp zmpqwasdkfk
da ad asekjlrk mxzmueodmapqpkw.”
Nunca mejor dicho. Una obra maestra.
Tiene sentido porque no lo entiendo.
Y eso me da consuelo.
Siguen cayendo las hojas…
Dean Simpson -Estados Unidos-
Publicado en la revista Arena y Cal 209
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