Las palabras de paso para entrar en mi vida digital tienen nombre de actores porno.
Cuando hago deporte imagino que soy un futbolista borracho, un ciclista dopado con clembuterol o una sabandija con traje de paseo.
Cuando leo una novela lo primero que busco es al personaje reconvertido en persona, animal y cosa.
Las palabras con las que llamo a los perros enanos son nombres de genocidas idos que guardan el alma de sus enemigos en el frigorífico entre las lechugas y los tomates.
Apodos, motes, seudónimos, heterónimos, sobrenombres, remoquetes, apelativos.
La superficie de las personas está pespunteada por la puntería al ubicar el nombre.
Hay vidas quebradas por nombres ya no de moda y vidas tristes por natural inercia.
Olvidemos que somos nombres y sepamos que nuestros actos nos absolverán o no. No lo dudes.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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