miércoles, 25 de junio de 2014

LUNA LLENA


A las once y media salió la Luna
cual globo de fuego sobre el horizonte.
En la lejanía, las luces del puente.
La marea, vacía como ninguna.
Brotaban las caricias, una a una,
como las olas de la mar creciente
y se estremecía tu cuerpo, bruscamente,
al amparo de la sombra nocturna.
La Luna, la mar, la noche, la magia
de un instante relajado y compartido;
de un espacio de nadie, de una experiencia
que roza lo rebelde y lo prohibido;
que enajena y remueve tu conciencia
desde lo que eres, serás y has sido.
Medianoche
Acudió la noche a la cita, oportuna,
enmascarando del mar sus espejos;
trajo la brisa y amainó los vientos,
barrió del cielo toda nube oscura.
Cuando regresamos la blanca Luna,
confidente de caricias y besos,
guiñaba en las aguas con sus reflejos
crecida y brillante como ninguna.
Antes de medianoche se hizo eterno.
Por un instante se detuvo el tiempo,
se detuvo el aire y hasta el universo.
Todo se detuvo para complacernos.
Para complacerte de ese momento
lo he confinado en jaula de versos.

JUAN M. RODRÍGUEZ

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