¡Oh! Luna, cuánto te extrañé,
estando en mi lecho, enferma y herida,
sentía que en instante se me iba la vida,
nunca más me oprimirá de angustia el alma
cuando contemple en la callada calma
sin gemir por este dolor aciago,
furtivamente de aquello me deshago.
Añoré tu luz plateada
aún y sin poder caminar
sobre las olas del mar,
recorrer la playa amada
¡¡¡Oh Luna!!!
hermosa luna qué triste sin verte,
y entre las palmeras alcanzarte.
Ya volveré más fuerte a mirarte
para decir que te quiero
este dolor sólo es pasajero
con la esperanza de tenerte me pondré bella,
bajo tu luz plateada cual refulgente estrella.
Rosa Maldonado
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